Hace
tiempo que llevo dándole vueltas a eso de donar sangre... Lo se, mucha gente me
ha dicho: -tío, eso de no haber donado nunca está fatal, y si algún día
necesitas sangre tú, ¿eh? Y si tu vida dependiera de esa transfusión...- Ante
este tipo de recriminaciones, uno llega a sentirse mal; llegas a pensar que
igual eres una especie de ser malvado que quiere atesorar su sangre como si de
oro se tratase. Nada más lejos de la realidad. Lo que ocurre es que a nadie le
gusta que le claven una jeringuilla y empiecen a llenar delante de su cara
botes y botes de sangre, y el que diga que no... MIENTE como un bellaco.
Además, por más que lo pienso, no hay nadie que se levante de la cama y diga:
¿qué coño? Hoy me apetece que me claven una jeringuilla y me saquen sangre, que
hay ganas, ¡che!-
Pero
bueno, a lo que iba, me he decidido a donar sangre, así que voy al punto de
extracción (sí, suena mal, pero peor sería decir que he ido a un autobús en
medio de la nada, donde una doctora y varias enfermeras, que están a punto de
jubilarse me están esperando con la sonrisa puesta a modo de saludo) y una vez
allí cuál es mi sorpresa cuando veo que tengo que rellenar un cuestionario. A
ver, se que habrá algún listillo que dirá que eso es obvio, no voy a donar
sangre si tengo alguna enfermedad venérea o de otro tipo... Claro, pero eso
serían 3 preguntas, a lo sumo 5... Pues no, unas 30 preguntas más o menos, y lo
peor de todo es que en 10 de ellas si pones sí se te excluye directamente. Me
dispongo a leerlas, y no me sorprende ver que en las excluyentes con un sí
encuentro: Sida, hepatitis... Etc, enfermedades venéreas. Pero siguiendo en el
mismo apartado me encuentro una pregunta extraña: -¿Has mantenido relaciones
sexuales con más de una persona en los últimos 4 meses?-. Vamos a ver, yo no
soy George Clooney, ni voy de fucker por ahí, ni soy uno de esos tíos que folla
todos los días con quién sea... Pero si en 4 meses no me he acostado como
mínimo con dos tías distintas siendo soltero, quiere decir que tengo una vida
de mierda. Así que sin dudarlo puse SÍ. Mi madre me enseño que no hay que
mentir, y eso hice yo, decir la verdad.
Pero
da igual, luego me esperaba algo peor, la entrevista personal. Te encierras en
una habitación acristalada con una doctora semimuerta (¡está bien dicho!, Solo
le quedan 30 años de vida, tirando por lo alto) y empieza esa maravillosa
entrevista en la cual se analizan tus respuestas. Es como el juego de la
máquina de la verdad, te vuelve a preguntar las preguntas que más llaman la
atención del cuestionario para ver si mientes. A todo esto he de decir que la
tía era buena, porque para llegar hasta allí tuve que mentir, puse que en 4
meses no había tenido varias relaciones sexuales... Créerme si os digo que
decir esa mentira me ha dolido más que cualquier otra mentira que haya dicho en
mi vida. Pero, también reconozco que cuando me pilló, me sentí como Richard
Gere en su época de follaoret, un crack, y sonriéndole le contesté: me has
pillado.
La
historia hubiese acabado aquí sino hubiese pasado algo antes de que me
expulsarán de la casa... Digo del autobús... Al parecer, un chico había
respondido todo bien, ya estaba casi semidentro para poder donar la sangre,
cuando de repente le preguntaron algo simple: -¿Estás cansado?. Como véis, algo
simple. El contestó que sí... Error. No le dejaron donar y fue expulsado
conmigo.
En
definitiva, ¡donar sangre!, Que esta chorrada que he escrito no os quite las
ganas de donar. Pero también saber, que a menos que tengáis sangre de una
virgen sin sacrificar, o la preciada sangre de unicornio, es muy posible que no
os acepten como donantes. Lo peor de todo esto es que me quede sin almorzar...
Porque cuando donas, te espera una cocacola y un bocata, y si eres primerizo:
barra libre, puedes llevarte las cocacolas que quieras...

